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DOCTRINA
Los Siete Concilios Ecuménicos
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Culto a La Santisima Virgen María
Los Sacramentos
LOS SIETE CONCILIOS ECUMÉNICOS Fueron convocados para definir La Doctrina de La Iglesia Cristiana, teniendo como base Las Sagradas Escrituras y La Santa Tradición.
PRIMER CONCILIO ECUMÉNICO DE NICEA.
En Primer lugar vale la pena decir que Nicea es una ciudad de Macedonia lugar de Nacimiento del Emperador Constantino.
Fecha del Concilio: 325, Año del Señor.
Número de Padres Conciliares: 318.
Este concilio condenó a Arrio como hereje, puesto que Arrio enseñó que si un hijo es real, entonces un padre debería existir antes que el hijo; por esta razón es que el Padre Divino debió haber existido antes que el Hijo Divino; por ello hubo un tiempo cuando el Hijo no existió, de forma que el Hijo es una criatura de Dios Padre, la más grande, la más antigua y la más perfecta en todo el mundo.
Este Concilio Ecuménico lo presidió el emperador Constantino.
SEGUNDO CONCILIO DE CONSTANTINOPLA.
Fecha: 381, Año del Señor.
Número de Padres Conciliares: 186.
En este Concilio Ecuménico se condenó a Macedonio, Patriarca de Constantinopla, por haber negado la Deidad del Espíritu Santo.
Tambien hay que anotar que en este se fijó el Cánon de los Libros Inspirados, tanto los del Antiguo como los del Nuevo Testamento.
TERCER CONCILIO ECUMENICO DE ÉFESO
Fecha: 431, Año del Señor.
Número de Padres Conciliares: 200.
Se condenó a Nestorio, Patriarca de Constantinopla, ya que Nestorio predicaba que Cristo, el hombre, no era Dios. Aseveraba que Dios habitó en el como en un templo y que llegó a ser Dios, gradualmente. El, en definitiva enseñaba que había dos personas en Cristo: Una humana y otra Divina.
Nestorio negó que María, La Virgen, es la Madre de Dios. A la virgen le dió el título de "Cristotokos" porque había dado a luz a Cristo, pero de ninguna manera "Teotokos", pues no pudo haber dado a luz a Dios.
CUARTO CONCILIO ECUMÉNICO DE CALCEDONIA
Fecha: 451
Número de Padres Conciliares: 630.
Condenó el MONOFICISMO (palabra proveniente de la palabra griega 'mono' (única) porque Eutiques negó que Cristo tenía una naturaleza humana verdadera. La naturaleza humana -sostenía Eutiques- se obsorbió y fué alcanzada por la naturaleza Divana como una gota de vino en el océano: Ahora, Cristo solo tiene una sola naturaleza Divina.
EL MONOFICISMO no negaba que antes de la Encarnación había una naturaleza Divina y una naturaleza humana, pero aseveraba que estas dos naturalezas sólo formaban una después de la Unión.
EL TOMO FLAVIANO (de San León, 449) dijo: Cristo es uno, aún siendo Dios y Hombre a la vez. En él hay sin confusión, ni mezcla, dos naturalezas distintas, cada una de las cuales tiene sus propias facultades y operaciones, pero esta dualidad de operaciones se refiere a un sujeto único, a una persona única.
QUINTO CONCILIO ECUMÉNICO DE CONSTANTINOPLA
Fecha: 451, Año del Señor.
Número de Padres Conciliares: 164
La Condenación de los "Tres Capítulos". Condenó, este concilio: A la persona de Teodoro de Mopsuestia; las escrituras de Teodoro de Cyrus contra San Cirilo y la carta de Ibas de Edesa a Moris, Obispo de Hardashir en Persia. En el Concilio de Calcedonia Teodoro de Cyrus e Ibas de Edesa habían sido restaurados a sus Sedes, no obstante, eran realmente Nestorianos y por esta razón fueron condenados junto con Teodoro de Mopsuestía, el maestro o formador de Nestorio y padre espiritual del NESTORIANISMO.
SEXTO CONCILIO ECUMÉNICO DE CONSTANTINOPLA
Fecha: 680 Año del Señor.
Número de Padres Conciliares: 160.
El resultado de este Sexto Concilio fué la condenación de la herejía del MONOTELISMO (del griego: mono= única. Telisis=Voluntad) entre quienes se contó Honorio, el papa romano. No obstante, a este Papa romano -Honorio- se le reconoció, después de su fallecimiento, como "Infalible" en el Concilio Vaticano I en 1870 convocado por la Iglesia Católica Romana.
SERGIO, Patriarca de Constantinopla, pensó que al declarar que había una sola voluntad en Cristo, los Sirios y los Egipcios -los cuales eran monotelistas- volverían a la Comunión Plena con la Iglesia, dando fin al Cisma.
SOFRONIO, Patriarca de la Sede de Jerusalen, se opuso a esta enseñanza calificándola como herética y mantuvo su denuncia expresando que era el monificismo enmascarado.
SÉPTIMO CONCILIO ECUMÉNICO DE NICEA
Fecha: 787, Año del Señor.
Número de Padre Conciliares: 368.
Se determinó en este Concilio que no se rindiera culto de adoración a los Iconos, sino de VENERACION. Además, el Concilio declaró que las figuras de la Cruz y las imágenes Santas hechas de piedra o de cualquier otro material se retendrían. Enseño que éstas no están para ser objetos de adoración en el sentido propio que se le da a Dios, no obstante, son útiles para elevar la mente de la Congregación a los objetos que representan.
Hay razón para saludarlos, honrarlos, venerarlos, quemar velas y ofrecer incienso ante ellos, no solo porque estan de acuerdo con La Tradición de la Iglesia, sino también porque se da tal honor a Dios y veneración a sus Santos, a quienes recuerdan las imágenes (San Juan Damasceno, defensor de la ortodoxia).
En los siete Concilios Ecuménicos, La Iglesia Indivisa emplazó y discutió, decidió, definió y presentó las Enseñanzas de La Iglesia. Estas Enseñanzas cuyo fundamento son las Sagradas Escrituras y la Santa Tradición eran Infalibles y así se pronunció. Por eso, desde el principio el cuerpo que determinó y definió la Doctrina Cristiana fué EL CONCILIO cuya GUIA es el ESPÍRITU SANTO.
CULTO DE HIPERDULÍA A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, MADRE DE DIOS.
Desde los primeros tiempos del Cristianismo, la Santísima Virgen María fue venerada por los cristianos por Sus grandes virtudes, por ser Ella la elegida Divina y por Su ayuda a los necesitados.
La glorificación de la Virgen María se inició desde el momento en que el Arcángel Gabriel la saludó con las palabras: "¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!. ¡Bendita Tú eres entre todas las mujeres! , con las que le comunicó el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Con este mismo saludo y con el agregado de la frase: " Bendito es el fruto de tu vientre," la recibió su prima, santa Isabel, a quien el Espíritu Santo le reveló que estaba ante la presencia de la Madre de Dios (San Lucas 1:28-42).
En la Iglesia cristiana, la veneración piadosa de la Santísima Virgen María se evidencia por la cantidad de festividades, con las cuales la Iglesia conmemora distintos acontecimientos de la vida de la Santísima Virgen.
Los Padres y maestros de la Iglesia componían en honor a la Virgen María cánticos de alabanzas, "Akathistos" (himnos de glorificación en los que hay que permanecer de pie), pronunciaban palabras inspiradas... Teniendo en cuenta esta veneración devota de la Santísima Virgen, es gratificante y constructivo saber cómo vivía, cómo se preparaba y cómo alcanzó una altura espiritual como para convertirse en el receptáculo del Verbo de Dios.
Las escrituras del Antiguo Testamento, al predecir la Encarnación del Hijo de Dios, también se referían a la Virgen María. Así, la primera promesa de Expiación que le fue dada al hombre caído en el pecado incluye una profecía sobre la Santísima Virgen en las palabras de reproche dirigidas a la serpiente: "Y pondré enemistad entre tí y la Mujer y entre tu simiente y la Simiente Suya" (Génesis 3:15). La profecía sobre la Virgen María consiste en que el futuro Redentor se menciona aquí como Simiente de Mujer, mientras que en todos los otros casos se alude a los descendientes como simiente de algún antecesor masculino. El profeta Isaías aclara esta profecía, indicando que la Mujer que dará a luz al Mesías -Emmanuel será virgen: "El propio Señor les dará la señal" les dice el profeta a los pocos creyentes descendientes del rey David, "He aquí que, una Virgen llevará en su seno y concebirá a un Hijo y le pondrá por nombre Emmanuel ("Dios con nosotros") (profecía de Isaías 7:14). Aunque la palabra "Virgen" le parecía inadecuada a los antiguos hebreos porque el nacimiento supone necesariamente una relación matrimonial, no osaron, sin embargo, reemplazar la palabra "Virgen" por otro término, como por ejemplo, "Mujer."
LA VIDA DE LA VIRGEN
BASADAS EN LA SAGRADAS ESCRITURAS Y LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA.
El evangelista San Lucas, que conocía de cerca a la Santísima Virgen María, escuchó de Sus labios algunos acontecimientos importantes relacionados con Sus primeros años de vida. Dice la tradición que San Lucas, médico y pintor, también pintó un retrato (Icono), de la Santísima Virgen, que fue copiado por posteriores pintores de iconos.
EL NACIMIENTO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.
Cuando llegó el tiempo del nacimiento del Salvador del mundo, vivía en la ciudad de Galilea, Nazaret, un descendiente del rey David, Joaquín, con su esposa Ana. Ambos eran personas devotas y conocidas por su humildad y misericordia. Alcanzaron la vejez sin tener hijos. Esto de no tener descendientes los apenaba mucho. No obstante, aunque estaban en edad avanzada no cesaban de pedirle a Dios que les enviara un vástago e hicieron la promesa de consagrarlo al servicio de Dios si se le concedía esa gracia. Recordemos que en aquella época no tener hijos era considerado un castigo de Dios por los pecados cometidos. En especial, a Joaquín se le hacía muy difícil aceptar la carencia de hijos, porque según las profecías, el Mesías-Cristo iba a pertenecer a la casa de David (a la que él pertenecía). Por su paciencia y por su fe, el Señor les otorgó, a Joaquín y a Ana una gran alegría: ¡Por fin! engendraron una hija, a la que llamaron María, que en hebreo significa: " Esperanza, Señora".
PRESENTACIÓN EN EL TEMPLO
Cuando la Virgen María cumplió tres años, sus devotos padres se prepararon a cumplir su promesa: la llevaron al templo de Jerusalén para consagrarla a Dios. María se quedó a vivir junto al templo. Allí, junto con otras niñas, estudiaba y realizaba tareas manuales, rezaba y leía las Sagradas Escrituras. La Santísima Virgen María vivió allí alrededor de once años y creció signada por una profunda devoción y obediencia a Dios, extraordinariamente humilde y laboriosa. Deseando servir solamente a Dios, hizo la promesa de no contraer matrimonio y quedar para siempre Virgen.
LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN LO DE JOSÉ
Los ancianos Joaquín y Ana no vivieron mucho tiempo y la Virgen María quedó huérfana. Cuando cumplió catorce años y por ley no podía quedarse más junto al templo, se vio en la necesidad de casarse. El sumo sacerdote conocía Su promesa y para no violar la ley de matrimonio, la desposó formalmente con un pariente lejano, José, un anciano viudo de ochenta años. Éste se comprometió a cuidarla y a preservar Su virginidad; José vivía en la ciudad de Nazaret y también pertenecía a la casa de David. No era un hombre rico y trabajaba como carpintero. De su primer matrimonio, José tenía cuatro hijos: Judas, Osías, Simón y Jacobo que se mencionan en los Evangelios como " hermanos" de Jesús. La Santísima Virgen María llevó en la casa de José la misma vida humilde y recatada que había tenido antes.
LA ANUNCIACIÓN
Al sexto mes después de la aparición del Arcángel Gabriel a Zacarías con el anuncio del nacimiento del profeta San Juan, el Bautista, el mismo Arcángel fue enviado por Dios a la ciudad de Nazaret a la Santísima Virgen María para hacerle llegar la alegre noticia de que el Señor La había elegido para que se convirtiera en la Madre del Salvador del Mundo. El Ángel apareció y Le dijo: "Alégrate, Bienaventurada María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres." María se turbó ante estas palabras del Ángel, preguntándose qué significaría aquel saludo. El Ángel continuó diciéndole: "No temas, María, pues has hallado gracia delante de Dios. Concebirás en tu seno y parirás un hijo y lo llamarás Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo y su reino no tendrá fin." María, confundida, le preguntó al Ángel: "¿Cómo será esto, pues no conozco varón?"
El Ángel le respondió que esto se producirá por la fuerza del Dios Todopoderoso. "El Espíritu Santo vendrá sobre Ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual, también el Santo que nacerá será llamado Hijo de Dios. Y he aquí que Isabel, tu parienta, también concebirá a un hijo en su vejez porque no hay cosas imposibles para Dios." Entonces, María dijo con humildad: "He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí, según tu palabra." Y el Arcángel Gabriel la dejó.
VISITA A SANTA ISABEL
La Santísima Virgen María habiendo oído del Ángel que su parienta Isabel, esposa de Zacarías (sacerdote), iba a engendrar a un hijo, se apresuró a visitarla. Al entrar a la casa de Zacarías saludó a Isabel. Cuando oyó el saludo de María, Isabel recibió al Espíritu Santo y se enteró de que María se hizo digna de convertirse en la Madre de Dios. Exclamó en voz alta y dijo: "Bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Y de dónde a mí, que me visite la Madre de mi Señor?"
La Santísima Virgen María, contestando a las palabras de Isabel, glorificó a Dios de esta manera: "Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava desde ahora, me dirán Bienaventurada todas las generaciones. Porque el Poderoso ha hecho grandes obras en mí, Su Nombre es santo, y Su misericordia llega de generación en generación, a aquellos que Le temen." La Virgen María se quedó con Isabel alrededor de tres meses y después regresó a su casa en Nazaret.
También Dios le anunció al justo anciano José, el nacimiento del Salvador, de la Santísima Virgen María. El Ángel de Dios se le apareció en un sueño y le reveló que María daría a luz a un hijo por obra del Espíritu Santo, como lo había anunciado el Señor Dios por intermedio del profeta Isaías (7:14) y ordenó llamarlo Jesús porque "Él salvará al género humano de sus pecados" (el vocablo hebreo Yahvé significa Salvador).
Los relatos evangélicos mencionan a la Virgen María relacionada con los acontecimientos vinculados a la vida de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Así, hay referencias a Ella en el nacimiento de Cristo en Belén y después en la circuncisión, en la adoración de los Magos de Oriente, en la presentación en el templo a los cuarenta días, en la huida a Egipto, en la radicación en Nazaret, en el viaje a Jerusalén durante la fiesta de Pascua (cuando Jesús cumplió los 12 años) y así sucesivamente. No nos referiremos aquí a estos acontecimientos en forma detallada. No obstante, hay que destacar que, aunque los relatos evangélicos sobre la Virgen María sean breves, le dan al lector una clara noción de la gran altura moral de la Virgen María: de Su humildad, de Su profunda fe, Su paciencia, Su valentía y Su sumisión a la voluntad de Dios, Su amor, Discipulado y entrega a Su Hijo Jesús. Nosotros nos damos cuenta por qué se hizo digna, según las palabras del Ángel, de "obtener la gracia de Dios."
En el primer Signo de Salvación de Jesucristo en las bodas de Caná de Galilea nos muestra claramente a la Virgen María intercediendo ante Su Hijo por todos los hombres que se encuentran en dificultades. Habiendo notado la falta de vino durante la fiesta, la Santísima Virgen se lo hizo saber a Su Hijo, quien le respondió evasivamente: "¿Qué tengo yo contigo, mujer? Aún no ha venido mi hora." Ella no se turbó por esta parcial negativa ya que estaba segura de que Su Hijo no iba a desatender Su pedido y les dijo a los sirvientes: "Haced todo lo que Él os diga." Estas palabras revelan una preocupación compasiva de la Madre de Dios ya que muestran la intención de que la obra iniciada por Ella tenga una resolución favorable. Por consiguiente, Su mediación no fue infructuosa y Jesucristo realizó aquí Su primera señal milagrosa, sacando de una situación delicada a gente pobre, después de lo cual "Sus discípulos creyeron en Él" (Juan 2:11).
En sucesivos relatos, el Evangelio nos traza la imagen de la Virgen María siempre preocupada por Su Hijo, que Lo acompañaba en sus peregrinaciones, que venía a Él en distintas situaciones difíciles y se preocupaba por la preparación de Su tranquilidad y descanso domésticos, con los cuales Él nunca estaba de acuerdo. También la vemos sumida en una tristeza inefable junto a la cruz de Su Hijo crucificado, atenta a Sus últimas palabras y recomendaciones y al encargo a San Juan Evangelista de atenderla y cuidarla. No sale de los labios de Ella ni una sola palabra de reproche o de desesperación. Ella se entrega totalmente a la Divina Voluntad de Dios.
También se Le menciona brevemente en el libro de los Hechos de los Apóstoles cuando, en aquel día de Pentecostés, descendió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego sobre Ella y los Apóstoles. Cuenta la Tradición que, después de este suceso, Ella vivió 10-20 años más. El Apóstol Juan, el Evangelista, La acogió en su casa con enorme bondad y se ocupó de Ella hasta Su muerte como lo hubiera hecho un verdadero hijo y cumplió con el mandato del Señor Jesucristo. Cuando la fe cristiana se extendió a otros países, numerosos creyentes cristianos empezaron a venir de lugares lejanos para verla y escucharla. A partir de ese momento, la Santísima Virgen María se convirtió, para todos los discípulos de Cristo, en una Madre para todos y un ejemplo para imitar.
LA DORMICIÓN
Aconteció una vez que la Santísima Virgen María se encontraba orando en el Monte de Eleón (cerca de Jerusalén) cuando se le apareció el Arcángel Gabriel con una rama de palma del Paraíso en sus manos y le comunicó que en tres días su vida terrenal iba a llegar a su fin y que el Señor se La llevará consigo. El Señor dispuso que, para ese entonces, los Apóstoles de distintos países se reunieran en Jerusalén. En el momento del deceso, una luz extraordinaria iluminó la habitación en la cual yacía la Virgen María. Apareció el propio Jesucristo, rodeado de Ángeles y tomó Su purísima alma. Los Apóstoles enterraron el purísimo cuerpo de la Madre de Dios, de acuerdo a Su voluntad, al pie de la montaña de Eleón, en el jardín de Getsemaní, en la gruta donde se encontraban los cuerpos de Sus padres y el de San José. Durante el entierro ocurrieron muchos milagros. Con sólo tocar el lecho de la Madre de Dios, los ciegos recobraban la vista, los demonios eran alejados y cualquier enfermedad se curaba.
Tres días después del entierro de la Madre de Dios, llegó a Jerusalén el Apóstol Tomás que no pudo arribar a tiempo, hasta tal punto que se entristeció mucho por no haber podido despedirse de la Virgen María y, con toda su alma, expresó su deseo de venerar Su purísimo cuerpo. Cuando se abrió la gruta donde fue sepultada la Virgen María, Su cuerpo no fue encontrado y sólo quedaron las mantas funerarias. Los Apóstoles, asombrados, volvieron a su vivienda. Al anochecer, mientras rezaban, oyeron un canto angelical y al levantar la vista pudieron ver a la Virgen María suspendida en el aire, rodeada de Ángeles y envuelta en un brillo de la gloria celestial. Ella les dijo a los Apóstoles: "¡Alégrense! ¡Estaré con ustedes todos los días!"
Su promesa de ser auxiliadora e intercesora de los cristianos se mantiene hasta el día de hoy y se convirtió en nuestra Madre celestial. Por Su gran amor y Su ayuda, los cristianos desde tiempos remotos la veneran y acuden a Ella para pedir auxilio y la llaman "Fervorosa Intercesora por el género humano," "Consuelo de todos los afligidos" y quien "no nos abandona después de Su Dormición." Desde tiempos remotos, y siguiendo el ejemplo del Profeta Isaías y de Santa Isabel, empezó a ser llamada Madre de Dios (o Deípara) y Madre de nuestro Señor Jesucristo. Este nombre surge como consecuencia de que Ella engendró a Aquél que siempre fue y será el verdadero Dios.
La Santísima Virgen María es un gran ejemplo para todos aquellos que tratan de complacer a Dios. Ella fue la primera que decidió entregar Su vida enteramente a Dios. Demostró que la virginidad voluntaria supera a la vida familiar y matrimonial. Siguiendo Su ejemplo, ya desde el inicio de los siglos, muchos cristianos empezaron a llevar una vida casta con oraciones, ayunos y la mente orientada a Dios. Así surgió y se instituyó la vida monacal. Lamentablemente, el mundo contemporáneo no valora en absoluto y hasta se burla del celibato, olvidándose de las palabras del Señor: "Porque hay eunucos (vírgenes) que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos que se hicieron a sí mismos eunucos por causa del Reino de los Cielos; el que sea capaz de recibir esto, que lo reciba" (San Mateo 19:12).
Completando esta breve visión de la vida terrenal de la Virgen María, cabe agregar que Ella, tanto en el momento de Su suprema Gloria, cuando fue elegida para convertirse en la Madre del Salvador del Mundo como también durante las horas de Su inmensa pena, cuando al pie de la cruz y según la profecía de Simeón "una espada traspasó Su alma," demostró tener un pleno dominio de sí misma. Con esto, descubrió toda la fuerza y la belleza de Sus virtudes: la humildad, la fe inquebrantable, el valor, la paciencia, la esperanza en Dios y el amor hacia Él. Por eso nosotros en la Iglesia la veneramos con tanta devoción y tratamos de imitar Su ejemplo.
"Todos tenemos que seguir la dirección del Obispo, como Jesucristo siguió las del Padre; obedezcan al Presbítero como si obedecieran a los Apóstoles; muéstrenle reverencia a los Diáconos como se lo mostrarían a los Mandamientos de Dios. No permitan que nadie toque la Iglesia, aparte del Obispo. Acepten que la Celebración de la Eucaristía sea considerada válida cuando es celebrada por el Obispo o álguien a quien él se lo haya encargado. Donde el Obispo haga presencia, que la gente también comparezca, igual como donde esté Jesuscristo, igualmente estará la Iglesia Católica. Sin la autorización del Obispo no es permitido bautizar o concertar una fiesta de caridad; pero entiéndan que lo que él apruebe , Dios lo bendecirá. Por tanto, todo lo que ustedes hagan, será comprobado contra peligros y será válido."
San Ignacio de Antióquia, Carta a los cristianos de Smirna, 107 A.D..
"Tomemos nota que la tradición, enseñanzas, y fé de la Iglesia Católica que desde el principio el Señor proporcionó, fué predicada por los Apóstoles, y preservada por los Padres. Este fué el fundamento de la Iglesia; y si alguién se aparta de ésto, éste no es, ni debe ser llamado Cristiano."
San Atanasio, Carta a Serapión de Thmuis, 359 A.D..
"Esta Iglesia es Sacra, la Unica Iglesia, la Iglesia Verdadera, la Iglesia Católica, combatiente siempre contra toda herejía. Ella puede pelear, pero no puede ser vencida. Todas las herejías son expulsadas de ella, como las ramas inservibles son podadas de la vid. Ella se mantiene arraigada en sus raíses, en la vid, en su amor. Las puertas del infierno jamás podrán vencerla."
San Agustín de Hipona, Sermón a los Catecúmenos acerca del Credo, 6,14, 395 A.D.
LOS SACRAMENTOS
Los Sacramentos son encuentro de SALVACIÓN; son signos cargados de una gran significación Salvífica; ellos posibilitan un ENCUENTRO entre Dios y el Hombre. El encuentro debe ser:
*HUMANO: Que sea responsable, serio y vivido por el hombre. Jesucristo se hace uno de nosotros y por eso comparte nuestro mundo acercándosenos por medios humanos. El hombre -todo él- por su parte, se acerca a Jesucristo para encontrarse con él y ser salvo.
*DIVINO: Es acertado expresar que la acción salvífica brota de la iniciativa de Dios con Nosotros. En el sacramento el hombre debe ACOGER con Acción de Gracias la Salvación que Dios le ofrece.
*COMUNITARIO: Los Sacramentos no son Encuentros seculares, individuales, de la persona con Dios, sino Signos Salvíficos que se dan en el seno de La Comunidad Cristiana que los ENTIENDE y los VIVE. Dios continúa realizando la Salvación hoy, en nuestro tiempo en nuestros lugares y circunstancias. Por eso los Sacramentos no pueden ser reunión social, ni cumplimiento con una ritualidad desgastada "por salir del paso o por cumplir", sino UNA ACTUALIZACIÓN DE LA SALVACIÓN DE DIOS EN NUESTRA IGLESIA-COMUNIDAD.
En todas partes del mundo Dios está formando un Pueblo que le alabe sin cesar.
El Sacramento del Bautismo es el Primer Signo de Salvación; con el Bautismo Dios nos dá Su Espíritu Santo, nos limpia nuestros pecados, nos salva del diablo y nos Confiere La Vida Eterna, nos hace Miembros de Su Iglesia y nos otorga el Don de la Fe.
***Cuando Nuestro Nombre es pronunciado en la Comunidad, somos acogidos como hermanos y para manifestar nuestra
pertenencia a Jesús se nos marca en la frente con la señal de la Cruz (apocalipsis 3,12; 7,3).
***La unción con Aceite Consagrado. Cuando La Iglesia Consagra con la Oración el aceite, éste tiene un sentido salvífico.
En el Bautismo se utiliza dos veces con sentido diverso: OLEO DE LOS CATECÚMENOS ("Catecúmeno" es el que aún no ha sido bautizado y está preparándose para ello). Este aceite cura las heridas (Luc 10,30-55); con él también le pedimos a Dios que nos proteja y cuide.
Después de la sumersión o inmersión en el agua bautismal somos ungidos con otro aceite santo: Es el CRISMA (Crisma=Cristo, cristiano, son palabras hermanas que provienen del griego "ungir"); con el nos CONSAGRAN para la MISION. (1 Samuel 10,1=líderes; Exodo 29,5-9= Sacerdote; I Reyes 19,16= Profeta, Rey.
***El Agua destruye y dá la vida. Así al ser consagrada en el Bautismo, tambien ésta actúa de dos maneras: Destruye el pecado y da Nueva Vida en Cristo. Al decir somos bautizados en el agua decimos que somos sumergidos en el agua porque bautizar en el griego significa Sumergir. San Pablo nos dice en su Epístola debemos estar muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús (Rom 6,1-11).
***La vestidura Blanca es para nosotros signo de limpieza, de pureza, de inocencia; en el Primer Sacramento es signo de que somos Revestidos de Cristo; (cfr Apocalipsis 7,13-15).
***LA LUZ es signo de claridad, alegría, vida, dinamismo. "Yo soy la uz del mundo" (Ev. de San Juan 8,12). Se nos dá un cirio encendido del Cirio Pascual, signo de Cristo-Luz que ilumina a todo hombre para adquirir un compromiso: Vivir como hijos de la luz para dar frutos de bondad, justicia y verdad (Efesios 5,8-9).
***La Oración del Padre Nuestro, recitada o cantada alrededor o frente al Altar, es un testimonio de nuestra filiación y fraternidad. Y si pronunciamos El Padre Nuestro alrededor del Altar es porque en la Eucaristía podemos vivir más profundamente esta realidad de Hijos y Hermanos.
"Un solo Señor, Una sola Fe, Un solo Bautismo; Un solo Dios y Padre (Efesios 4,4-6)
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